Yo, trébol

Cuando un trébol está solo y alza su mirada hacia la luna,
le susurra al dulce viento palabras que nadie puede oír

Segunda-feira, Outubro 5

Amália Rodrigues

Lo sé. Soy consciente de que tengo esto un poco abandonado. Pero casi todos vosotros, si no todos, sabéis muy bien los motivos. De todas formas, y para evitar que las telarañas se acumulen por doquier al pasar el mes de inactividad, retomo brevemente la sección musical que venía siendo últimamente la protagonista con una persona que no podía faltar. Se trata, como bien dice el título, de la reina del fado, aprovechando que mañana se cumple el décimo aniversario de su muerte. Supongo que ya sabríais de antes, o al menos intuiríais, que me gusta el fado lisboeta. Hay tanto que decir sobre la más grande, que todo lo que ponga aquí sería insignificante, así que os invito a buscar información sobre ella por la red. Os dejo, como viene siendo costumbre, una pequeña muestra (y un enlace a la letra) de su obra. La elección, por supuesto, no es arbitraria. Y es que, como algunas otras músicas, el fado es una música que nace en el interior, y transpira emociones y sensaciones hasta el último poro de la piel. Y así es como hay que escuchar el fado. Y así es como ella lo ha cantado siempre. Espero que gustéis de la canción.


Y la letra, aquí.

Segunda-feira, Setembro 7

Año tras año

Y, de entre todos los que he existido, ahora siento que vuelo, que soy más urraca que nunca, que estoy por fin cerca del cielo, y sigo ascendiendo.

Gracias a todos por estar ahí.

Segunda-feira, Agosto 24

La vida es sueño

Ayer fui a la representación de la obra La vida es sueño, de Calderón de la Barca. Os recomiendo a todos los que podáis que, si tenéis ocasión de verla representada, lo hagáis. Merece la pena.

Y, ahora, un fragmento de la obra.


SEGISMUNDO: [...] Sólo quisiera saber
para apurar mis desvelos
-dejando a una parte, cielos,
el delito del nacer-,
¿qué más os pude ofender,
para castigarme más?
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegios tuvieron
que no yo gocé jamás?
Nace el ave, y con las galas
que le dan belleza suma,
apenas es flor de pluma,
o ramillete con alas,
cuando las etéreas salas
corta con velocidad,
negándose a la piedad
del nido que dejan en calma;
¿y teniendo yo más alma,
tengo menos libertad? [...]

Segunda-feira, Agosto 17

Artefactum

Y seguimos musicales, aunque esta vez en un ámbito ligeramente distinto. Ayer asistí a un concierto organizado por las Noches en los jardines del Real Alcázar. Concretamente se trataba del grupo Artefactum, un grupo dedicado a la música antigua. Y he de decir que lo hacen francamente bien.

Pero... ¿Y cómo es que te gusta esta música? Pues es fácil. Flautas varias, rabeles, zanfoñas (vale, sería zanfona, pero yo conocí este instrumento a través de orígenes musicales gallegos, así que siempre lo he nombrado en gallego, y seguiré haciéndolo), voces femeninas, Cántigas de Santa María, jardines de ensueño y una agradable compañía. ¿Qué es lo que no entiendes?

Y, si las cántigas cantadas con esa maravilla de cantante no te bastan, los temas instrumentales son grandiosos, incluyendo el «momento friki de la noche», con aquella canción de Ladyhawke (a.k.a. Lady Halcón).

Como no sería muy original destacar la calidad de unos músicos que son ya de por sí grandes, haré eco de una cosa que me sorprendió muy gratamente (la calidad musical la daba por hecho tras ver fragmentos de sus interpretaciones por internet): la informalidad del evento. Me encanta la música clásica. Pero no soporto la rigidez y las muecas de estreñimiento de sus integrantes. Es algo que me encanta de la música folk. Todo es entre amigos, todo es diversión, todo es pasar el rato. No hay una trascendencia real ni fingida en aquello. El espectáculo de ayer me recordó gratamente a una especie de pub session. Se notaba el placer de la música por encima de todo. Se notaba que, además de grupo y músicos, son amigos. Ese ambiente distendido da lugar a una mayor integración de los espectadores en el concierto. Te permite ser uno más de ellos, puede que externamente silencioso, pero internamente sigues melodía e, incluso, improvisas mentalmente.

A quien no haya asistido aún a ningún concierto, se lo recomiendo encarecidamente. Merece la pena la experiencia. Y, como bonus, puedes ver los patitos y gatitos de los jardines, que son súper monos.

Y, aunque no se puede asemejar a la grandeza del concierto de ayer, un botón de muestra.